Paisaje Cultural Cafetero

En el año 2011, valorando el esfuerzo de múltiples instituciones y de los cultivadores y pobladores de la región, la Unesco declaró el Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio de la humanidad, un reconocimiento al ánimo de la comunidad y su trabajo colectivo en procura de mantener viva la región mediante la conservación, el adecuado uso del suelo y la agricultura sostenible en una zona que, además de la prodigalidad de su tierra, guarda las tradiciones y el componente arquitectónico de los pueblos que la conforman.

El Paisaje Cultural Cafetero está compuesto por 47 municipios, 4 de amortiguación y 411 veredas de los departamentos del Quindío, Risaralda, Caldas y el norte del Valle del Cauca, donde se han calculado cerca de 24 000 fincas destinadas esencialmente a la siembra y producción de café. Más que una distinción pomposa, la declaratoria de patrimonio mundial exalta a los caficultores que vivifican el paisaje con una labor excepcional y amigable respecto al medio ambiente.

En esta región no predominan los latifundios ni la concentración de la propiedad, por el contrario, cientos de familias han sumado granos de arena para ejecutar una gestión comunal y agremiada. Mantenerse unidas e ir hacia la misma dirección ha sido fundamental para que Colombia y el mundo valoren su pujanza, su persistencia y su fidelidad al café, al procurar que no dejaran de germinar sus semillas, ni siquiera en las épocas de mayores crisis económicas.

Si la región cafetera fue desde siempre un símbolo y un valor incuantificable del país, su valoración es mucho mayor desde que se consolidó el Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio de la humanidad, debido a que se mejoró la percepción internacional y se incentivó en más habitantes de la zona el sentimiento de apropiación, respeto y apego. Una característica que los visitantes notan apenas pisan la región y encuentran que el paisaje es inspirador para crear nuevos y amables productos turísticos.

La consideración hacia la naturaleza y los métodos de producción sostenibles hicieron parte de los criterios que tuvo en cuenta la Unesco, organismo que vio en la región cafetera un modelo destacado de concentración humana, cuidado del hábitat, uso de la tierra y mantenimiento de la cultura a pesar de los cambios que supuestamente demandan los tiempos modernos, pero que llevan a la destrucción de los recursos vitales.

Justo el componente natural, las características topográficas e hidrográficas, sumó para que la región se convirtiera en patrimonio; igualmente las creencias y tradiciones vivas que, como aporte cultural, fortalecen la región y la consolidan como modelo de admiración. Porque no es solo un lugar o un único atractivo, es un conjunto armonioso de virtudes humanas y paisajísticas que se evidencian durante el trayecto del recientemente definido corredor turístico del Eje Cafetero.

Paisaje Cultural Cafetero: compilado de factores que hoy más que siempre son dignos de ser reconocidos y admirados allende de las fronteras; y que por lo mismo, demandan los esfuerzos de sus gentes y de diversas organizaciones en aras de su cuidado y protección. Tales factores se soportan, por supuesto, en una serie de atributos del motivo principal de esta región: el café; y que tienen que ver con su siembra en la montaña, en la ladera, su hegemonía en las extensiones fértiles y la renovación de matas, condición que ha permitido mantener la lozanía del paisaje.

Otro logro importante en el Paisaje Cultural Cafetero es su adaptación a las obras de infraestructura que, sobre todo, se requieren en materia de vías de comunicación y servicios públicos. Prueba de la conservación es el grande inventario de árboles, de un centenar de especies de avifauna y más de 150 de arvenses que crecen junto a los tupidos cafetos. Coloreados con frutos rojos, pajaritos, chapolas y pacientes arrieros que se internan en la montaña y bajan de ella con lo mejor de la cosecha.